El artículo que incluyo bajo estas líneas me parece estupendo. Entiendo que el ponente describe la discusión que siguió a la presentación como enriquecedora. Por ello es posible que lo que comento a continuación haya formado parte de dicho debate. De todas formas, como me parece sumamente interesante, aporto mi opinión al respecto.
Considero que es importante el trabajo de humanización de la escritora romántica, ya que en los últimos años se han utilizado tanto su vida como su imagen de forma ligera para alimentar determinadas ponencias político. Ello se lleva a cabo con la intención de desvirtuar el hecho histórico de su obra, para transformar a la figura pública de la escritora en un ser mítico, parte realidad y parte leyenda, de un ideario independentista gallego sectario y reduccionista. Rosalía es una escritora gallega y española al mismo tiempo, que utilizó ambos idiomas para la creación literaria y cuya obra constituye, al igual que lo hace Valle Inclán, uno de los monumentos literarios más imponentes del siglo XIX en el entorno de la lengua castellana. El bilinguismo literario de Rosalía es un reflejo de su experiencia tanto local como internacional y de su condición vital de persona bilingûe, como somos hoy en día todos los gallegos. Ni el gallego le resta al castellano ni el castellano minimiza al gallego. Es éste el hecho histórico que el avance de tendencias ultranacionalistas en los últimos años intenta borrar, al igual que se ha borrado la palabra «sinagoga» del letrero turístico de la Iglesia de San Miguel dos Agros, en Santiago de Compostela para sustituirlo por «templo antiguo».
Quizás desde mi punto de vista es importante la nobleza del trabajo de Diego Rodríguez, firmemente anclado en el ámbito archivístico y documental, que se acerca con valentía a un centro – la vida de la escritora como hecho histórico y sus elecciones artísticas y lingüísticas como parte de dicha realidad verídica – que debido a la exaltación romanticista de moda puede para unos pocos llegar a resultar polémico, cuando en realidad tiene una explicación tremendamente sencilla.
En el paisaje lingüístico de Rosalía, como en el de todos los seres humanos bilingües desde su nacimiento, el castellano ocupa un lugar cercano, cálido y afectivo. Rosalía declara con su trabajo en ambos idiomas el amor por cada uno de ellos y afirma claramente la realidad que la mayor parte de los gallegos siempre hemos aceptado: el hecho de conservar y transmitir el gallego no está reñido con el afecto y la necesidad de uso del dialecto de Cervantes.

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