Diplomacia, política y ley

Uno de los conceptos más elusivos y menos presentes en el discurso periodístico de hoy en día es el de guerra híbrida. Para algunos suena a hidroavión, a apagar el fuego. Para otros, a posibilidad remota. Para los políticos de la Unión Europea, Estados Unidos-Canadá y el Reino Unido se trata de una realidad tan envolvente como el abrazo de una medusa venenosa en un tranquilo día de verano.

No cabe duda que aquellos que han estudiado historia de las civilizaciones o de la política está familiarizado con el término campaña de verano. Desde luego los militares lo están. En épocas en las cuales los soldados caminaban a pie y no existían las armas de fuego, el verano era la época más propicia para el ejercicio de la actividad física requerida para largas marchas en pos de una nueva conquista. La longitud de los días, la parquedad de las noches, la abundancia de frutos y hierbas medicinales a lo largo del camino, la energía y renovada que da al hombre joven la ilusión de la victoria.

Los califas musulmanes que conquistaron y luego perdieron el dominio de la península ibérica no eran diferentes y durante el verano realizaban las incursiones para aumentar el perímetro de sus conquistas y para recordar a los ya subyugados a pagar sus impuestos. También era la época para recoger mujeres nuevas para sus harenes. Esta práctica no se reservaba al tributo de las cien vírgenes firmado por un rey cristiano con Almanzor para mantener el poder, también estuvo presente durante siglos en los balcanes y más allá de Oriente Medio y de Siria, llegando a las estepas de Mongolia.

Para aquellos que todavía piensen que el hábito no hace al monje, la historia de los Mongoles es interesante: su religión no era el islám cuando comenzaron su expansión a través de sangrientas conquistas partiendo de los asentamientos originales de Manchuria, se convirtieron al islám y durante dicho período la crueldad de sus prácticas y el avance de sus conquistas caminaron de la mano hasta la disolución de dicho imperio, su fragmentació y el subsiguiente abandono de la religión de Mahoma por el budismo. Hoy en día la mayor parte de los mongoles son budistas. Pero siguen siendo nómadas, siguen cuidando de caballos y cabras y siguen siendo mongoles. Eso no quita que los jóvenes musulmanes que se encuentran con un adulto radicalizante en el entorno de la familia, la mezquita, la escuela o la cárcel dejen de creer que toda la extensión del imperio mongol es reclamable, al igual que lo es Al-Andalus. Según mi experiencia anecdótica como profesora en dos centros de menores de Galicia, sí lo creen. Para ellos es una realidad innegable, como para los católicos lo es el dogma de la virginidad de María. La diferencia para ambos no está en la fe, que dan por hecho, sino en la veracidad de una u otra postura.

Para aquellos que entienden la realidad religiosa como plenamente separada del poder político recordemos que tanto el Imperio Romano, como los reinos cristianos de la Edad Media en Europa como el Imperio Otomano o la Conquista Musulmana son hechos no sólamente políticos sino también religiosos: como lo fue el cisma de la Iglesia Protestante y Luterana.

Aclarado el contexto político religioso que envuelve la historia a lo largo y ancho de la geografía del globo, podemos pasar a analizar la situación a primera vista tan extraña que han vivido Ceuta y Melilla en las últimas 72 horas, pero que no es novedad. Desde el punto de vista religioso, tanto Ceuta como Melilla, al igual que gran – sino toda – parte de la península ibérica son daram Islam o territorio en disputa, al haber sido parte del imperio musulmán. A ellos se une de manera sumamente interesante Israel y los territorios bajo la autoridad palestina. Al estar dicho concepto estrechamente vinculado a la fe, al igual que la virginidad de María, es incuestionable para el creyente suni. De ahí la alegría entre las comunidades musulmanas y las celebraciones tanto espontáneas como prontamente planificadas en favor de los ataques contra Israel por parte de Hamás y habitantes de Gaza el 7 de octubre de 2023.

Por las razones que sean, y es difícil especular al no ser estas claras de descifrar, rindiéndose el periodista o investigador a diferentes teorías que parten siempre de un punto de especulación, tanto la derecha como la izquierda europea han construido a lo largo de los últimos 10 años una separación progresiva de las democracias de América del Norte, al tiempo que han ido forjando – comenzando con la organización de la Copa del Mundo de Qatar – alianzas tanto económicas como diplomáticas y políticas con las naciones del eje musulmán. Esto es inevitable dado que los territorios islámicos hoy en día se extienden desde Marruecos hasta Indonesia, con la sola ruptura de Israel, la India y China en el camino. Estos cuatro países han jugado a lo largo de la historia del último siglo con el entorno social comunista de Rusia y las antiguas repúblicas soviéticas, con la revolución de Jomeini y su ascenso al poder en el año 1979 como piezas clave. Sin embargo, hoy en día tanto Israel como India se han alejado de la influencia islamo-comunista por razones existenciales. China se presenta, más allá de EEUU y Rusia como las únicas potencias con capacidad real de pararle los pies a la expansión islamista que nunca desapareció pero que se renovó tras el final de la Segunda Guerra Mundial y la descolonización de vastos territorios islámicos, desde Pakistán a Argelia. Resulta difícil de discernir si la crisis migratoria de Siria durante el año 2015, que fue la primera vez que se escuchó el término guerra híbrida y el uso de masas migratorias como arma de desestabilización geopolítica contra los países democráticos de Europa, América de Norte y Oceanía, cogió a los líderes europeos por sorpresa y si la campaña mediática para retratar a todos los immigrantes como víctimas de la violencia de Asad fue honesta o si ya eran conscientes, tanto ellos como las agencias periodísticas, de la realidad que han estado intentando ocultarnos hasta llegar a las escenas de ayer en Ceuta, que desafían todo hilo argumental lógico y el cual es obvio en el siguiente vídeo en el que la periodista nos repite que los immigrantes son niños y mujeres cuando la evidencia visual desmiente sus palabras. Ello no le impide repetir la afirmación una decena de veces.

El mismo tipo de juego mediático se observó el verano de 2024 en nuestro país en dos ataques claramente antisemitas: primero durante el incidente del restaurante sirio en Vigo en el cual se observa como el dueño insulta y expulsa de manera obviamente grosera, llegando a utilizar lenguaje soez, a un grupo de israelíes de los cuales desconoce orientació política o incluso religiosa. Observamos como los turistas se levantan y responden a las acusaciones e improperios con ligereza y sin responder al ataque ni ejercer actos de discriminación pero tanto los medios de comunicación, entre ellos La Voz de Galicia, como sus usuarios, proclamaron la mala educación y violencia – inexistente – de los israelíes a los que evidentemente además añaden el descalificativo de judíos.

El segundo fue el incidente de los adolescentes franceses de religión judía que fueron injusta y brutalmente expulsados de un avión de Vueling por un piloto cuya mayor relación con la fama fue el compartir escuela de aviación con uno de los terroristas que llevaron a cabo los ataques del 11 de Septiembre de 2001 y que además publicó un libro sobre ello. Desgraciadamente, se observa como ninguno de los adolescentes ni monitores se comporta de manera violenta, agresiva o disruptiva. De ello dieron fe en los días siguientes al escándalo los pasajeros del avión. No así los medios de comunicación que, todos a una, a pesar de las diferencias políticas de cada uno, declararon como cierta la afirmación del piloto a pesar de no sólo la falta de pruebas que corroborasen dicha afirmación sino también la existencia de pruebas visuales que desmoronaban la afirmación del piloto y corroboraban la versión de las víctimas franco-judías. Resulta chocante también el contraste con la insistencia en el que los MENAS son inofensivos y niños desvalidos mienstras que los menores judíos son culpables, malvados y mentirosos.

Mi pregunta no es el qué, que es tan claro como el aire. Es el ¿por qué?

Se puede entender en cierto modo desde el sórdido ámbito político de tratos y negociaciones a puerta cerrada, pero es incomprensible desde el ámbito mediático y la única posible explicación es la que apunta a la financiación del cuarto poder desde ámbitos políticos e institucionales a través sobre todo de subvenciones. Se nos intentó vender que dichas subvenciones son necesarias debido a la incursión de internet en el mercado de la comunicación, pero esa afirmación es tan peregrina como que tanto Google, como Facebook, como X generan millones de euros en beneficios todos los días. El problema no es pues la financiación, sino, en mi opinión, el control de la información y, más allá de ello, la gestión del pensamiento de las masas, siguiendo los parámetros del comunismo más acérrimo de Mao.

Establecido el concepto de conquista islámica requerida por el credo suni, la alianza política europea con el eje islámista, y la toma de control de medios de comunicación de masa al mismo tiempo que de estrategias de comunicación, cabe ampliar el concepto a la función de una nueva categoría de mito en torno a aquellos que demuestran la capacidad y osadía de cuestionar la narrativa oficial de turno: contra el que cuestiona las oleadas migratoria y filtra al público el tema de la migración como arma desestabilizadora se encuentra la categoría «extrema derecha». Contra el que cuestiona la legalidad de la defensa de Israel contra los ataques de sunis y salafistas desde el Norte, Este y Sur, encontramos los términos «genocidio» y «sionista».

Pasemos a los hechos. Entendido tanto el concepto de far kifaya o deber de reconquista de territorios islámicos perdidos, podemos entender a España com Al-Andalus y la re-escritura de los libros de historia que estudian nuestros hijos, con una visión idealizada de la gestión musulmana del territorio y la convivencia en Iberia que niega la realidad discriminatoria de dicho imperio, como parte del esfuerzo de reconquista y de guerra híbrida. Esto no se entiende sin saber que Qatar ha formado parte del consejo de administración de Prisa, Artresmedia y grupos editoriales como Santillana.

A partir de aquí, nos encontramos con el segmento dominante de la población completamente informado de las bonanzas del islam a lo largo de la historia y oblivios a la realidad de que la oleada de immingrantes procedentes de países musulmanes realmente parece más una conquista concertada con el beneplácito de políticos y líderes cristianos humanistas pero ingenuos – creo yo – lo contrario sería empatía suicida, como explica Gal Saad. El aluvión de información falsa proveniente de fuentes previamente fiables afirma tanto la desinformación y los bulos promovidos tanto por partidos políticos como por periodistas e influencers a los cuales se añaden bots de fábricas en Irán, Rusia, Vietnam y China como el ejercicio de la humanidad extrema, o según Saad, empatía suicida, ejemplificado de manera quizás algo grotesca por la presencia de activistas LGTBI en manifestaciones pro-Hamas, cuando es de todos conocida la aversión de Hamas por la práctica de la homosexualidad que ha culminado en ejecuciones espontáneas en la franja de Gaza.

En el siguiente nivel de entramado nos encontramos con naciones islámicas que se oponen a los designios fundamentalistas de Irán, entre los cuales se encuentra Marruecos, que ha llegado a manifestarse a favor de la eliminación de Hamás y mantiene mejores relaciones diplomáticas tanto con el estado hebreo como con EEUU, así como los UAE, Bahrain y de vez en cuando, Arabia Saudí. La insistencia de Pedro Sánchez en convertirse en adalid del Estado de Palestina a raíz de los ataques barbáricos de Hamás el 7 de octubre de 2023 y de perseguir una actitud abiertamente hostil por la cual no recibe ningún tipo de beneficio contra Israel y EEUU culminó la pasada semana con una reunión con los dirigentes argelinos a espalda de Marruecos. La sentencia del Tribunal Supremo español que proclama la imposibilidad de deportar a los immigrantes que entren a nado coincidió con el día del indulto en Marruecos, que celebra el día del Rey, al igual que nosostros celebramos el día de Santiago, como patrón de España el día 25 de julio, esta vez bajo el heraldo de la bandera palestina con un influencer palestino como pregonero desde los balcones de la capital gallega.

El mismo día de la invasión de Ceuta y Melilla estaba programada y se llevó a cabo una velada en la embajada marroquí en Madrid. Al mismo tiempo que el gobierno de Ceuta, musulmanes españoles incluídos, se manifestaba en contra de la invasión y solicitaba ayuda al gobierno de España. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, pide la rescisión del tratado de Shenzen con España, una manifestación de efecto mediático inmediato pero tan peregrina en términos de posibilidad real como la exortación de Mamdani a detener a Netanyahu durante su visita a las Naciones Unidas.

Cabe destacar que el ejercicio de la luz de gas por parte del cuarto poder durante las dos últimas décadas en España no es nada nuevo; en el 2001 tuvimos el hundimiento del Prestige del cual se culpó al capitán, en el 2006 el accidente del Alvia al cual se culpó al maquinista y este mismo verano, al igual que el pasado, se imputa a peones del campo desbrozando su finca o las fincas a las que se les ha llamado, precisamente para evitar la propagación del fuego, como causantes de los incendios masivos mientras los habitantes de los pueblos quemados nos muestran vídeos de la inacción de las fuerzas de seguridad frente a las llamas.

Desde mi punto de vista, Europa no está decidida a autodestruirse, simplemente ha decidido situarse de forma estratégica como aliada de países islámicos sin tener en cuenta el factor religioso sino el de recursos y alianzas geopolíticas como determinantes. Es una concepción atea de la política en línea con la separación de poderes proclamada tras la Revolución Francesa. El problema es que dicha alianza sólo es arreligiosa si así lo deciden honestamente ambas partes. Desgraciadamente, ése no es el caso ni de Qatar, ni de Irán ni de Turquía y es haí donde Saad y Douglas Murray pueden acertar, a pesar de que un sector de la prensa y medios de comunicación los intente cancelar.

Parte del problema y el riesgo más grande al que se enfrenta Sánchez y Europa en general con esta estrategia, es la radicalización de la población hacia la extrema derecha, que es tan o más peligrosa que el de la radicalización a través de la izquierda. Sin embargo, ante tal eventualidad, han preparado las armas de falsa tolerancia a través de la desinformación de la que he hablado aquí. En el lado opuesto, se encuentra una vuelta a niveles de desorden público similares a los que dieron paso a la Guerra Civil o a una institucionalización del pensamiento borrego y la manipulación de las masas al estilo estalinista y hitleriano del siglo XX.

Esperemos que, de alguna forma, lleguemos a la cordura.

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