La Arquitectura del Mito

«El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer»

M. José de Larra (1936)

El sábado por la tarde la alcaldesa en minoría de Santiago de Compostela, Goretti Sanmartín, perteneciente al BNG, descubrió en una de las rúas más céntricas de la pequeña ciudad de provincias una estatua de un joven que fallecía a los 25 años de edad en un tiroteo al mejor estilo oeste americano en el año 1975, pocos meses antes de que con el fallecimiento de Franco y la confluencia de otros factores, España se abriese al mundo y a la democracia. Este gesto a cargo del heraldo público al que contribuimos todos no es más que el último eslabón en una larga cadena de desatinos de periodistas, intelectuales y políticos pseudo demócratas en el entorno nacionalista gallego, probablemente pagados con fondos destinados a la cultura o a la conservación de lenguas minoritarias provenientes del estado y de la UE.

El individuo en cuestión no cuenta con más méritos aparte de su aficción por las armas de fuego y otro tipo de conductas ilegales, tales como el atraco a bancos y la asociación con otras organizaciones terroristas tanto nacionales como internacionales, que el de ser uno  de los menos de 6 terroristas de origen galaico. Como es costumbre de dichos individuos, su especialidad no es el churrasco de cerdo, sino la generación de odio, división social y miedo en todos aquellos que no concuerden con sus opiniones y objetivos. Normalmente hablaría en genérico pero en este caso tengo la suerte de poder recordar cómo mi gente sintió miedo durante los dos días que duró la operación para capturarlo, y que resultó en su muerte. 

Los medios de comunicación, sin embargo, no han osado – digna excepción hecha de El Mundo – describir al individuo por sus acciones. Dejando a un lado el dicho aquel de ‘Obras son amores y no buenas razones’, se han volcado a describir a Reboiras como una víctima heroica en su lucha contra el régimen franquista, cuando en realidad sus actividades se reducían a generar terror en la ciudadanía como solución a la supuesta colonización imperialista del estado español, del cual extrañamente forma parte Galicia.

Nos encontramos pues ante la anómala y extraña situación en la cual a lo largo de los casi 50 años de democracia se ha ido gestando un nuevo mito: el mártir inocente con asociaciones terroristas y crímenes a su espalda es ahora el líder imaginario de un movimiento independentista que literalmente no existía aparte de entre tres o cuatro pseudo intelectuales y otros tres o cuatro delincuentes descerebrados y que eran el hazmerreír de todo adolescente que se preste. ¿Por qué gracias a Dios en Galicia a los terroristas se les pilla en fragante y no a posteriori? Nosotros nos reíamos de Moncho y sus cuatro amigotes sólo porque las fuerzas de seguridad del estado fueron quienes de evitar males mayores. Debemos desvincular el fanatismo y el terrorismo de la verdadera oposición a la dictadura franquista, antes de que en lugar de escribir historia, estemos enterrándola.

Por eso, a pesar de todo, podemos realmente celebrar la estatua de Reboiras, aunque quizás con intenciones distintas a las de los fanáticos de la mítica nación imaginada celta: celebramos que hasta como terrorista haya sido tan inepto como para no llegar a asesinar más que a sí mismo, y no quiero ni imaginarme el dolor de su madre, que ya será un mundo.

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