Fotografía de Hebrón de la Library of Congress.
En nuestros libros de Historia, la Segunda Mundial es narrada como un conflicto esencialmente europeo con ramificaciones en otras partes del mundo relacionadas con los imperios coloniales de las grandes potencias europeas.
Se estudian sus orígenes como anclados en la redacción del Tratado de Versalles, el auge del nazismo, y una mentalidad entre una sección importante de la clase política alemana expansionista. Se explica el comienzo de las campañas militares de Hitler, la declaración de guerra de Churchill, el Holocausto y los campos de concentración, el bomardeo de Alemania, la conquista de Francia, la función de la resistencia, la entrada de EEUU en lo que es básicamente un conflicto europeo tras el ataque a Pearl Harbour, el escenario asiático de la guerra y el final de la misma con el Desembarco en Normandía y las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Con un buen profesor, se estudia el impacto en Asia y Africa, pero Oriente Medio practicamente siempre aparece in absentia.
La realidad no puede estar más alejada de lo que nos cuentan los libros.
El conflicto entre Israel y sus vecinos islamistas alentados por gran parte de gobiernos occidentales que azuza de una forma u otra nuestras conciencias, tiene sus orígenes antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial,
Los imperios Otomano, Mongol y Ming son los grandes ausentes de las versiones eurocentristas de la historia y la geopolítica que culminan con el actual estado de absoluta decadencia de las Naciones Unidas, una organización gestada con ideales democráticos y diplomáticos para una cultura de paz pero que es ampliamente manipulada por agentes nefarios para favorecer culturas políticas autocráticas, sexistas y abiertamente xenófobas de islamistas como Catar, Arabia Saudí o Turquía.
Estas últimas cualidades no han sido exploradas ni en el ámbito de la Historia ni de la Filosofía o Ética en nuestras universidades, más allá de los polémicos programas de estudios de culturas «minoritarias» en universidades del ámbito anglosajón. Cuando hablamos de racismo o machismo nos referimos siempre al racismo del blanco contra los demás y cuando hablamos de machismo también tendemos a centrarnos cada vez más en el hombre blanco. Teniendo en cuenta que las sociedades occidentales están construidas sobre las nociones de la Revolución Francesa resumidas en el slogan «libertad, igualdad, fraternidad» la omisión de aproximadamente 85% de la población global en referencia a sus conductas éticas es un anacronismo no permisible en un mundo perfectamente globalizado donde el 50 % de la producción económica está en manos de países no occidentalizados.
La sóla mención del concepto de racismo implica una referencia, aunque sea superficial a la noción de raza. Desde un punto de vista biológico, la mayor parte de los científicos están de acuerdo en que las razas no existen, más allá de diferencias en la pigmentación de la piel, el ADN que nos hace humanos es tan parecido que hablar de razas biológicas es una falacia1. El concepto de raza, y su subsiguiente -ismo; racismo, debe ser afrontado desde una perspectiva filosófica y ética, y sus corolarios de historia y geopolítica analizados de forma acorde. A continuación presento los tres conceptos de racismo que informan nuestra percepción de las personas cuya apariencia es diferente de la nuestra.
En primer lugar la Comisión Europea define el racismo como «ideas o teorías que proclaman la superioridad de (una raza) un grupo de personas de determinado color u origen étnico»2.
En segundo lugar la Asociación de Psicólogos Americanos (APA) lo define como «el tratamiento injusto y diferencial de los miembros de una categoría cultural, religiosa, nacional (o racial)». Añade que éste incluye «la aceptación de prejuicios y estereotipos negativos que en ocasiones desembocan en violencia»3.
Por último, desde una perspectiva legal, el Instituto de Información Legal de la Universidad de Cornwell define el racismo como la «incitación para la discriminación, el odio o la violencia hacia personas o grupos de personas por su origen, pertenencia o no pertenencia a (una raza) o un grupo étnico específico.4«
El historiador Jacobo Benítez del Castillo en su artículo El rechinar de la Sublime Puerta, señala la xenofobia o racismo como uno de los factores detonantes de la caída del Imperio Otomano5. La primera manifestación de dicha xenofobia radica en el rechazo a los avances científicos europeos, no por ser avances, sino por ser europeos, de la misma forma que hoy en día dicha xenofobia está en el epicentro de la causa palestina o del rechazo visceral de los talibanes a la liberación de la mujer.
La segunda causa a la que apunta Benítez es el sexismo en su forma más pura; la poligamia. Esta práctica aberrante6 se practica en países que, otra vez, lideran desde las sombras la causa palestina; Catar, Egipto, Irán, Turquía, Gaza, Cisjordania (Judea y Samaria), Pakistán, India, etc7. A pesar de que la práctica de la poligamia no está reconocida legalmente en EEUU, Canadá o Gran Bretaña, en estos países se dan casos de poligamia y la aceptación social de dicha práctica aberrante lleva más de una década en aumento8.
La tercera y definitiva causa de la eventual desintegración del Imperio Otomano es el absolutismo religioso político del Islam, que nunca llegó a separar la política de la religión y que según Benítez y Charles Murray fue el obstáculo determinante para el atraso científico y tecnológico no sólo de Turquía sino del resto de los países musulmanes, desde Marruecos a Irán. Concretamente en el Imperio Otomano se prohibió la imprenta en el año 1515. La primera imprenta oficial del Imperio Otomano fue introducida en Egipto por Napoleón en el año 1798.
Dicha prohibición no impactó sólamente en la población musulmana del Imperio, sino en todas las etnias y religiones que habitaban el mismo. Cabe recordar que los imperios coloniales como el Otomano siempre se caracterizaron por su gran riqueza multicultural, un término mucho menos moderno de lo que a menudo nos atrevemos a considerar. La relativa libertad religiosa de la Iberia del Al Andalus es menos una excepción que una norma en el contexto de la época y de los imperios que la sucedieron; incluso el aberrante monoculturalismo impuesto por los monarcas hispanos a partir de los Reyes Católicos es relativo más a la geografía peninsular que a la diversidad del imperio en sí. Esta diversidad no está reñida con la unidad, tanto territorial política como económica e ideológica. Una de las marcas del Imperio Otomano era el reclutamiento forzoso de niños de las provincias de los Balcanes, sobre todo albaneses, para su entrenamiento como soldados9. Podríamos quizás pensar que el fundamentalismo islámico ha avanzado algo desde el siglo XVIII y, sin embargo, en Gaza, Cisjordania y países como Sudán y la RDC se sigue reclutando por la fuerza o a través del grupo de escuelas y guarderías vinculadas a UNWRA en el caso de Gaza y Cisjordania, a niños para convertirse en yihadistas (como testimonio incluyo el discurso de Mosab Hassan ante el Parlamento Europeo). En el caso del Imperio Otomano, se pasó del recrutamiento forzoso a promulgar la heredabilidad de los cargos del ejército, lo cual en lugar de hacerlo más humano, lo hundió en la corrupción y las luchas palaciegas por el poder, llegando en varias ocasiones a asesinar a sultanes, como es el caso de Omar II.
Una de las consecuencias más llamativas de nuestra ignorancia endémica en referencia no sólo al Imperio Otomano sino en general a todo aquello que no sea el provincialismo europeo centrista, es la versión romántica que se esparció a través de los noticiarios europeos de la guerra de los Balcanes en la que se vió sumida la región a finales del siglo XX; todos los párrafos e introducciones al genocidio de Bosnia referían comunidades multireligiosas que habían «convivido en paz durante siglos», lo cual abocaba el odio racial de los serbios al arianismo nazi del siglo XX y a la desintegración del bloque soviétic. En realidad, la convivencia estaba basada en normas islámicas xenófobas que colocaban a los cristianos y a los judíos en un nivel inferior en referencia a los ciudadanos musulmanes. Existía la libertad de culto, y las comunidades religiosas se autogobernaban dentro de unos límites, pero siempre respetando la superioridad del musulmán, lo cual era particularmente aterrador en el caso de las mujeres no musulmanas, que estaban a la merced de los deseos de los hombres de la religión de Alá. Además de ello, el sultanes otomanos intentaron conversiones forzosas al islam de dichas etnias en varias ocasiones a lo largo de los siglos, lo cual no testifica desde mi punto de vista una convivencia pacífica, sino opresión definida por el absolutismo político religioso que era la esencia misma del imperio. La libertad de culto no era tanto una opción personal como una clasificación étnica y administrativa: es decir, el individuo no escoge su fe, sino que nace en un grupo religioso que define su religión y estatus social.
En torno al tema de la religión como factor estabilizante o desestabilizante de un estado, llama también la atención la táctica usada por la soberana rusa Catalina la Grande que infiltró agitadores ortodoxos con la supuesta intención de defender a las minorías religiosas, pero ocultando las verdaderas intenciones de arrebatarle Crimea a los otomanos. Catalina consiguió, no sin la ayuda de Polonia, este objetivo, así como adherir partes de lo que es hoy Ucrania. La hegemonía en los Balcanes y el Mar Negro pasa a la Historia, así como la anterior derrota a las puertas de Viena. El gigante otomano pasa a tener pies de barro en pleno apogeo de las Guerras Napoleónicas. Está táctica vuelve a ser utilizada por el bloque islamista/ruso. Desde la guerra civil de Siria hasta hoy, tanto la Unión Europea como los EEUU son conscientes de la manipulación por parte de Rusia y sus aliados de corrientes migratorias que son dirigidas hacia la UE con el objetivo de desestabilizarla al tiempo que los países islámicos de regímenes islamistas continúan con su limpieza étnica y religiosa con la total impunidad de las Naciones Unidas y la UE. Cabe aquí de pasada mencionar el terrorífico genocidio Yazidi que tuvo lugar a manos del Estado Islámico entre 2014 y 2017.
Otro de los factores básicos para explicar la caída del Imperio Otomano está vinculado a su falta de una moneda única y a un sistema de retribución a los funcionarios militares del estado de reparto de tierras, que se puede considerar el antepasado de la pensión de por vida que, con la financiación que recibe de las agencias de ayuda internacionales, la Autoridad Palestina paga a las familias de los «mártires por la causa». Lo que observamos es que una gran parte de los patrones de comportamiento tribales de las agrupaciones que sostienen el terrorismo islámico son descendientes directos de comportamientos prevalentes en el entorno islámico anteriores a la llegada de la Revolución Industrial. Los intentos de modernización, democratización y liberalización de estas sociedades llevados a cabo por las potencias europeas durante los siglos XIX y XX, parecen haber fracasado, si observamos el estado de las naciones estado creadas después de la Segunda Guerra Mundial, como Irán, Iraq, Líbano, Afganistán, Egipto e incluso Líbano. El problema reside, por tanto, no en la influencia colonialista de Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos, si no en conductas primitivistas que debido a la perniciosa influencia de la teocracia islámica están resultando prácticamente imposibles de erradicar, con el consiguiente sufrimiento de las mujeres y minorías no islámicas así como el poder desestabilizante que, gracias al resurgir de la influencia de Turquía tras el COVID y la guerra de Ucrania, están ejerciendo de manera cada vez más ostentosa en nuestras sociedades occidentales que creíamos plenamente democratizadas.
El segundo agente que necesito mencionar como contexto para la masacre de Hebrón es la figura del Gran Mufti de Jerusalén, Haji Amin al-Husayini, del cual hablaré en la siguiente entrada del blog.
- https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7682789/ ↩︎
- https://home-affairs.ec.europa.eu/networks/european-migration-network-emn/emn-asylum-and-migration-glossary/glossary/racism_en ↩︎
- https://www.apa.org/topics/racism-bias-discrimination ↩︎
- https://www.law.cornell.edu/wex/racism ↩︎
- https://archivoshistoria.com/la-decadencia-del-imperio-otomano/ ↩︎
- https://www.endvawnow.org/en/articles/625-polygamous-marriages.html ↩︎
- https://travelnoire.com/47-countries-where-polygamy-is-legal ↩︎
- https://news.gallup.com/opinion/polling-matters/313112/understanding-increase-moral-acceptability-polygamy.aspx ↩︎
- ttps://archivoshistoria.com/la-decadencia-del-imperio-otomano ↩︎

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