Iberia Sefarad – Intro

7 de octubre 2023, Gaza

2.800 civiles, todos ellos varones, de edades entre los 15 y 90 años juzgando por la evidencia audiovisual grabada por ellos mismos y unos 3.200 soldados de las brigadas de élite de Hamás Nukhba, asaltan y atraviesan la frontera creada en el año 2005 para impedir ataques terroristas entre Israel y Gaza, un enclave cuyo gobierno ha estado asignado a diferentes estados pero más recientmente había sido considerado primero egipcio y luego israelí.

En este grupo mixto de adolesctes, hombres y ancianos, se encuentran además profesores de escuelas UNWRA, periodistas que militan como soldados e incluso trabajadores de la ONU. El ataque militarizado a Israel comienza sobre las cinco de la mañana, muchos de los militantes van a pie, pero también se observan furgonetas, motocicletas e incluso ambulancias y algún tanque robado a las fuerzas armadas israelíes.

Mientras el ataque a pie comenzaba su curso inexorable hacia la muerte y destrucción más abyecta de la historia reciente, hasta las masacres de Druze en Siria bajo el mando de Al Julani en 2025, unos 1000 misiles eran disparados desde Gaza a Israel, lo cual eleva el número de combatientes a unos 7.000.

El uso de civiles de todas las edades, el uso de lanchas motoras y de parapentes para completar la incursión militar y militarizada en Israel no es un accidente, sino una estrategia previamente planificada de Hamás, un arma sociológica para crear imágenes de revuelta de ciudadanos que apelarán de manera directa al centro neurálgico de los espectadores a distancia del conflicto; el resto del mundo, pero particularmente los países occidentales, que durante años ha sido objeto de una permeable política de adoctrinamiento1 y alerta para posicionarse sin tapujos a favor del contrincante supuestamente débil y desprotegido. De tal forma que, a las pocas horas de iniciarse los ataques y cuando éstos todavía no han terminado, se inicie el ataque a la integridad política de Israel desde los centros neurálgicos del mundo occidental: Nueva York, París, Londres, Madrid, Washington… Redes de radicales islámicos de diferente afiliación, entre los cuales se encuentran la Hermandad Islámica, Yihad Palestina y otros, organizan manifestaciones a favor de los atacantes de Hamás, y en contra de Israel.

Para este ataque cuentan con un extraño aliado, al cual todavía no he podido desentrañar por completo: el silencio aplastante de los corderos de las redes sociales que no dicen ni mú en relación a estos ataques. No se observa ni una sóla marca de solidaridad con Israel, un aliado occidental, que acaba de sufrir un vil ataque no sólo a su integridad territorial, como hizo Putin con Ucrania en febrero de 2022, sino a sus ciudadanos civiles de todas las edades, razas y credos religiosos, así como de diversa nacionalidad y clase social. En este silencio, del cual todos hemos sido cómplices de una u otra forma, es la primera victoria y, hasta el día de hoy, la más decisiva y cortante en la guerra que algunos describen como asimétrica entre Palestina-Gaza-Hamás e Israel. Si los estrategas militares de Hamás, escondidos en Turquía, Siria, Líbano, Egipto, Londres, Washington y Nueva York habían previsto que la influencia de las redes sociales a la hora tanto de difundir desinformación sería determinante en el conflicto, podemos determinar que la estrategia mediática de Hamás no sólo debe ser considerada un arma militar sino también un éxito rotundo y apabullante. Esta estrategia no tendría éxito, sin embargo, de no estar apoyada a su vez por el control férreo del discurso en referencia al conflicto de los medios de comunicación occidentales considerados clave hoy en día: los de izquierda o centro izquierda; The Guardian, The Times, The New York Times, The Washington Post, CNN, Le Monde, Reuters, AP, El País, Cadena SER, La Sexta… todo un ejército de periodistas y jefes editoriales de los departamentos de Asuntos Exteriores dominados por completo por militantes anti-Israel. Esta estrategia islamizante la he ido observando y denunciando a lo largo de los últimos años sin saber muy bien el alcance real de la misma. Lo único que llegaba a entender es que no sólo Catar, pero especialmente éste, así como Turquía, se dedican a comprar, intervenir, para luego vender a pérdida todo tipo de gigantes empresariales occidentales en sectores estratégicos, ya sea de retail, como El Corte Inglés, Harrods, etc., de construcción, aviación y sobre todo grupos mediáticos. Al mismo tiempo, ejércitos de personal sanitario integrado en los sistemas públicos de salud de los países occidentales también diseminan el sentimiento anti-Israelí de forma previa a los ataques y las familias turcas en las escuelas internacionales funcionan como abanderadas de la causa Suni mientras sus clérigos radicalizantes, a menudo subvencionados por dinero estatal en países occidentales desde EEUU hasta Grecia pasando por España, Francia e Italia, en las escuelas.

Esta estrategia, que ahora entendemos de forma obvia, y que incluye elementos tan variopintos como el silencio en torno a la situación de las mujeres en el mundo islámico o la romantización del velo o la modestia islamista en El País, estaba siendo silenciada de forma aturdiente a través de continuas falacias institucionales o institucionalizadas como la introducción del término islamofobia, la amplifiación del miedo a la ultra derecha como arma de la izquierda islamista radicalizante, la desensitización de las personas a la llegada masiva de hombres jóvenes de forma ilegal a todos los países europeos, etc. Antes de los ataques del 7 de octubre, ya éramos conscientes de que «el islamismo y el Islam son lo mismo», «el Islam -islamismo- es pacífico», «las mujeres en países islámico-islamistas son libres», «occidente es racista contra el Islam», «la extrema derecha es racista», «hablar de la inmigración ilegal es ser de VOX, de extrema derecha o racista
«, «tener una opinión diferente de la de Podemos es ser de extrema derecha o fascista», etc., etc., etc.

De esta forma, cuando voces sensatas comenzaron a llamar la atención sobre el aumento de violaciones en ciudades con un alto influjo de immigrantes ilegales en toda Europa, o sobre la desestabilización económica y social que conlleva la abusiva immigración que tiene algún origen más allá de las personas que desean una vida mejor en países que ya no saben cómo van a gestionar la pensión de las personas en el futuro más cercano, fueron inmediatamente silenciadas por el ejército de borregos adoctrinados y estratégicamente colocados en: los claustros universitarios, de institutos y escuelas, los hospitales, los medios de comunicación, la judicatura. Para que quede claro, un porcentaje indeterminado de personas al leer esto pensará inmediatamente que soy de derechas, cuando la realidad es que voté a Pedro Sánchez y soy miembro de una asociación ecologista local. Cuando lean esto, pasarán a decir que me he pasado al bando de las teorías conspiracionistas, cuando todo lo que estoy diciendo tiene sentido y está absolutamente confirmado con datos comprobados, como se ve al revisar las fuentes bibliográficas. Esto es parte del proceso de desvirtualización de la realidad que se ha llevado a cabo anteriormente y en el cual se incluye los repetidos intentos de desacreditar de forma payasil a la plataforma de Elon Musk, al mismo Musk, a Donald Trump (este apartado merece un artículo de por sí, pero de momento lo dejamos, es nivel avanzado y aquí estamos en lo más básico). De esta forma, cuando alguien cite la información obtenida a través de esa plataforma, por muy verídica que sea, será descartado de forma tajante y preliminar, sin pasar a considerar la validez de las aserciones contenidas de forma alguna. Esta ceguera institucional se complementa con el descrédito continuo desde hace al menos una década del grupo mediático FOX News. En el caso de Europa, no es necesario mucho más, ya que los grupos de Murdoch, a excepción de Daily Mail, han sido influenciados de una u otra forma por el régimen catarí.

De hecho, uno de los momentos que me hizo reflexionar sobre este proceso, antes del 7 de octubre fue el revuelo que se montó cuando Arabia Saudí, que está haciendo esfuerzos inmensos para acercarse a Israel sin enemistarse con los regímenes religiosamente afines que lo rodean, intentó comprar parte del Daily Telegraph. No porque esto no sea llamativo o no vaya a crear una sensación de pérdida de algo esencialemente británico, sino porque el mismo proceso ya había tenido lugar en otros medios y no se había enterado casi nadie. ¿La diferencia? No era Arabia Saudí, sino Catar, o Rusia y por tanto era mejor mantenerlo en silencio, para así mantener la ilusión de que siguen siendo británicos.

Todo este entramado mediático es fundamental en el mantenimiento de la «causa Palestina» como flujo de emociones mediáticas e incluso como agente disruptivo en nuestras sociedades, tal y como se manifiesta en la conducta altamente agresiva y no publicitada de los atacantes contra los corredores ciclistas en La Vuelta a España y su apoyo tanto mediático: Cadena SER, RTVE, La Sexta, como guverntamental con las imágenes realmente embarazosas de Pedro Sánchez, Irene Montero e Ilone Belarra maniféstandose a favor del desorden público e incitando al crimen. Esta estrategia de levantar emociones para manipular tanto el comportamiento de las masas como la elección de voto, está fundamentada en nociones altamente sofisticadas de psicología de la comunicación, que emplean de forma rutinaria regímenes totalitaristas y autocráticos como China y Rusia. Hoy en día, y gracias a la ubicuidad de los teléfonos móviles y el uso de internet, los agentes nefarios interesados en manipulación no necesitan de grandes mítines para llamar a la acción: les llega con Tik tok, Instagram y Telegram aunque en realidad, también usan los medios tradicionales para blindar todas las salidas y evitar que se llegue a fugar cualquier elemento de pensamiento crítico o independiente a las masas.

Quizás el elemento más sangrante sea el utilizar como objetivo de ataque no sólo nuestras emociones, sino nuestro deseo de hacer el bien2. En el más refinado estilo Nazi, se nos ha convencido a todos de que los criminales abyectos de Hamás, que utilizan un machete para desfigurar el cadáver de un ciudadano al que ya han asesinado, o que cubren de clavos las vaginas de mujeres jóvenes a las que ya han violado y asesinado, son «buenos y pobrecitos» mientras que el ejército israelí, creado para defender a sus ciudadanos de invasiones extraterritoriales es «Satán». A tal efecto, así como a la generación de un estado de exaltación colectiva en referencia a la causa «Palestina», se generan todo tipo de símbolos visuales, tactiles, intelectuales e incluso gustativos, lo cual implica el olfato: la causa palestina tiene una bandera tricolor, con los colores más opuestos y de vibraciones más intensas del espectro humano: rojo y verde, además de incluir tanto el blanco como el negro que también se encuentran en los extremos lumínicos. Tiene un chal de algodón que cubre la cabeza y el cuello, nuestras partes más vulnerables y donde reside el intelecto. Tiene un pin rojo que se supone una referencia al estado de víctima resoluta que se resiste a rendirse pero que en realidad es una macabra referencia a otra masacre aberrante de personas judías durante la Segunda Intifada. Tiene sabores y gustos y olores, como la sandía, el aceite de oliva, el humus… No importa si son o no únicos a dicha causa, tampoco importa si las asociaciones son veraces, lo que importa es que a partir de ya, se convierten en parte del ecosistema nazi – término que utilizo con pleno conocimiento de causa3 – de propaganda pro-Palestina y que tanto de forma abierta como subliminal nos rodea desde el 7 de octubre.

Resulta por tanto difícil, o incluso imposible, abstraerse y apoyar a Israel. Necesitas un sentido de la lógica extremadamente sólido y una personalidad recta y bien formada, lo cual es extremadamente difícil de encontrar en los entornos universitarios, repletos de adolescentes y semi-adolescentes en pleno proceso de maduración emocional y cognitiva en un mundo dominado por el ecosistema de las redes sociales.

Pero… ¿Y los adultos? Creo que ya he respondido a la pregunta.

  1. Panfilov, Oleksandr. (2022). SOCIOLOGICAL ASPECT IN THE CONTENT OF THE MODERN HYBRID WARFARE. The Bulletin of Yaroslav Mudryi National Law University. Series:Philosophy, philosophies of law, political science, sociology. 1. 10.21564/2663-5704.52.249948. ↩︎
  2. https://unwatch.org/the-compendium-of-world-condemnations-of-antisemitic-un-investigator-miloon-kothari/ ↩︎
  3. https://educandosiglouno.wordpress.com/2025/08/26/oku-no-hosomichi/ ↩︎

Deja una respuesta