Ayer se celebró en Santiago de Compostela una conferencia que trataba de dar a conocer el proceso de evaluación estandarizada internacional que popularmente conocemos con el acrónimo de PISA. Aproximadamente 120 docentes de diferentes zonas de Galicia se acercaron al hotel OCA Porta do Camiño para entretenerse entre orballo y café al carón de voces eruditas, algunas castellanas, otras americanas y otras engatusadoramente lusas durante la mayor parte del día, xantar incluido.
La conferencia llevaba el apósito de «alto nivel» y estaba organizada a medio camino entre la Xunta de Galicia y OEI, organismo para mí totalmente desconocido hasta hace 24 horas aunque me parece interesante que docentes vinculados por la historia de la península ibérica y sus ex-colonias trabajen a destajo para contribuir a crear vínculos y mejorar nuestros distintos sistemas educativos, desde abajo y hacia abajo.
No me voy a expandir porque entre otras cosas hoy tengo planificado escuchar alguna defensa de programación en mi área de experiencia, la lengua inglesa y algunas de mis conclusiones están pendientes de dicha observación.
Sólo recalcaré que el atributo «alto nivel» hacia clara referencia al entramado organizativo vinculado a las facultades de economía, política administrativa, estadística y sistemas educativos. Considero que fue un adecuado ejercicio de divulgación de todos los potajes tanto educativos, curriculares, analíticos, políticos y estadísticos que se cuecen detrás de PISA y otras evaluaciones similares menos conocidas como TALIS, TIMMS o PIRLS, el primero también de la OCDE y el segundo de IEA (International Educational Assessement).
Las cinco charlas discurrieron en monótona sucesión, unas más amenas que otras, dependiendo tanto del ponente como del oyente y los profesores y profesoras educadamente fotografiaban las pantallas de las presentaciones como si no se pudiesen apuntar a la vieja usanza en la libreta con el hermoso bolígrafo con el cual nos obsequió la organización.
Personalmente, creo que era de alto nivel sólo porque al no contar nuestro sistema educativo con instrumentos similares a los utilizados no sólo por PISA sino también por otras estructuras de evaluación estandarizada a gran escala como el Bachillerato Internacional, Trinity o Cambridge, así como el mismo país luso, que no ha abandonado el sistema de exámenes certificadores públicos popularmente conocido aquí como «reválida», nuestros docentes – y aquí me excluyo por haber trabajado y estudiado el tema con profundidad a través de la universidad de Bath y de mi empleo como asesora del BI durante los años 2000 y 2003, así como mi colaboración con el sistema de evaluación continua estandarizado para profesores de inglés del gobierno de Hong Kong – no están muy familiarizados. Es decir, algunos de los procesos y procedimientos explicados brevemente ayer suenan casi a «chino».
A todo el mundo le gusta aprender, y los docentes no somos una excepción, así que pienso que mis compañeros se quedaron, al igual que yo, con una sensación agradable al terminar el cursillo.
Por mi parte, sólo enfatizar, como hago siempre y de la misma forma que hice durante las sesiones de preguntas de aquellos ponentes que personalmente me interesaron más, tanto por el contenido como por la forma de presentarlo a la audiencia, que fueron Vicente Alcañiz y Joaquín Vera, que los dos pilares claves de una evaluación justa son: la fiabilidad y la validez o idoneidad.
Sin ellos, no hay tu tía. Seguiremos evaluando a nuestros alumnos al tuntún y seguiremos construyendo exámenes de ABAU y de oposiciones que no son ni fiables ni válidos pero que, sin embargo, usamos para tomar decisiones que sí son, sin la mínima duda, de alto nivel.
A nadie le gusta una crítica profunda, pero cuando el pozo está podrido, el agua sabe mal y además, en lugar de dar la vida, la quita.
Buen finde a todos y todas.

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