Era el estribillo de una de las canciones que hicieron popular a la cantante italiana Sabrina en la época dorada de los 90.
Es también el vínculo central de varios artículos periodísticos en los medios anglosajones como The Guardian y New York Times, que se traslada a cuentagotas a los nuestros. Creo recordar un artículo relativamente interesante sobre las nuevas masculinidades hace un par de semanas en El País.
Por razones tanto personales, soy madre de una adolescente y un adolescente, como profesionales, soy profesora desde hace 30 años, es un tema sobre el que llevo reflexionando desde que nacieron mis hijos. Como a mí me gustaba correr, saltar, gritar y pelearme con el equivalente del Lego, Tente, pensé que mi hija sería igual y cuando nació tanto mi marido como yo estuvimos de acuerdo en comprar un auto para correr por el pasillo, un balón para jugar a la pelota y un par de peluches. Las muñecas y el rosa vinieron después, semi-impuestos. Sin embargo, ella, mi hija, sabía muy bien lo que le iba. Nunca lanzó ni una mirada de reojo ni al balón ni al correpasillos de Lightning McQueen y si se pasó horas disfrutando con las muñecas de todos los tamaños, formas y colores que amigos y familiares hacían llegar a su cuarto y nuestro salón.
Al nacer mi hijo, un par de años más tarde, creía olvidados el balón y el correpasillos, pero nada más comenzar a gatear y sin que ni yo, ni mi marido, ni su hermana hubiésemos hecho algo para merecerlo, se encaminó directo al cuatro ruedas y en sus ratos libres empujaba el balón, riéndose a carcajadas, a todas partes.
Sincera y francamente, la charla con las otras madres, sobre todo las que tenían uno o más varones, siempre recaía en lo mismo: «Los niños son distintos de las niñas.»
No voy a entrar en el debate entre la naturaleza y la socialización porque yo creo que ambas son responsbles de las diferencias. Pero sí voy a expresar mi opinión de que no todas las diferencias son negativas o debieran ser causa de problemas, sino más bien de celebración. Por poner una analogía: ¿realmente importa el color de piel o la forma de los ojos de una persona?¿importa acaso su religión, país de nacimiento o primera lengua?¿no somos todos personas?
¿Por qué entonces nos negamos en admitir que la diferencia entre lo masculino, femenino y todas las sombras de lila entremedias es válida, importante y positiva? De la misma forma que es importante validar la femineidad como cualidad positiva, también debemos reclamar la masculinidad o corremos el riesgo de castrar emocionalmente a media humanidad, con consecuencias evidentemente devastadoras para todos y todas.
Antes de pasar a referirme a los artículos, libros y páginas más recientes, me gustaría comentar de forma breve y a la ligera el paradigma de apego maternal sobre el que ha estado trabajando la psicología y psiquiatría hasta hace muy poco. Los estudios sobre el apego de Bolby se centran sobre todo en la figura materna, aunque está demostrado con creces que lo importante es una figura de referencia por dos razones. Una, la más obvia e incuestionable, porque la mujer ha físicamente gestado, parido y alimentado al bebé. La segunda es más oscura y está mucho menos analizada pero espero que ya se esté comenzando a cuestionar: el sesgo machismo de la época obviaba el rol del padre tanto en el desarrollo del bebé como en el bienestar emocional, psicológico y físico de la madre. Obviaba también la importancia vital que tiene el círculo de apoyo de la familia extendida (por usar una traducción ligera del término inglés ‘extended family’: ya se a través de padres, cuñados, vecinos, compañeros de trabajo o amigos. Su importancia sigue siendo fundamental e incuestionable, pero lo que se está empezando a entender es que las relaciones humanas van más allá de la separación en individuos de las personas, nuestro cerebro y fisiología se adapta y responde de forma fluida tanto a las personas, animales y plantas como al entorno no biológico en el que nos encontramos. La unidad bebé-madre es más bien una mini-manada bebé-madre-padre-tribu, con todos los corolarios que ello conlleva, sobre todo para los niños de género masculino que han visto a sus figuras de referencia de género desaparecer por completo del mapa de su infancia más temprana.
Me explico: la unidad económica de las sociedades pre-industrializadas no era la familia nuclear, ni el padre salía de casa a trabajar, ni los niños iban a la escuela cinco horas al día. Hace no más de 300 años, 200 en algunos países y décadas en otros, la únidad económico-social era una familia de al menos tres generaciones y entre cuatro y seis adultos de promedio. Las mujeres parían en casa, acompañadas por otras mujeres. Los matrimonios iban juntos a trabajar en el campo, con los niños de cierta edad, mientras que los más pequeños quedaban unas horas en casa al cuidado de los ancianos, que también atendían a los enfermos, cocinaban, cantaban y tejían.
En los países de clima frío se usaba el invierno para hacer trabajos dentro de casa y a partir del siglo XV en algunos países, para leer. En todos para escuchar historias, cantar, fumar, etc. Fue la mecanización del campo y la industrialización de la fábrica de textiles que trajo consigo el éxodo forzado de los campesinos desposeidos, a los cuales los terratenientes y dueños de fábricas re-dirigieron diestramente hacia las grandes ciudades, en donde los hacinaron en barracas insalubres. En la primera parte de la Revolución Industrial en la industria textil trabajaban tanto hombres, como mujeres, como niños, todos ellos mal pagados, exhaustos y víctimas de abusos.
Con la mejora de la situación de los trabajadores, los primeros – con razón – en abandonar las fábricas fueron los niños y, con ellos, sus madres. Ese es el comienzo del sesgo y la posterior fabricación del mito comercial de ‘la mujer en casa y el hombre fuera’ que es la verdadera razón del desajuste social y la falta de motivación que sufren hoy en día los niños, adolescentes y hombres jóvenes de todo el mundo.
Puede que todo esto resulte demasiado radical para la audiencia española, acostumbrada como está al discurso de algunos sectores políticos que han encumbrado una versión muy específica del movimiento feminista a la categoría de religión alternativa, hasta que llegó Vox e hizo lo mismo por el otro lado.
Desde mi punto de vista, tan peligroso es uno como el otro y, probablemente, uno sea la causa del otro, como suele suceder.
Entonces, para poner en contexto al lector menos avezado enumeraré algunas pequeñas referencias: el término interseccionalismo, que se refiere a la interacción de las ideas del movimiento feminista con el movimiento anti-racista y de progreso social.
Por otro lado, dejo referencias de algunos autores y páginas web que llevan discutiendo este tema desde el centro izquierda a la izquierda radical y feminista que pueden resultar de interés.
Caitlin Moran: novelista y periodista británica, feminista confesa, autora de Cómo se Hace una Chica (2014) y What About Men? (2023).
Caitlin Moran: what’s gone wrong for men – and the thing that can fix them | Men | The Guardian
Cassie Yaye: filmógrafa feminista estadounidense, autora del documental The Red Pill (2016).
The Red Pill – Men’s Rights DOCUMENTARY – YouTube
Dr Bruce Perry, psiquiatra, investigador y activista por la infancia norteamericano, autor entre otros de Born To Love (Nacido Para Amar, 2010). Fundador de la Child Trauma Academy en la que se estudia y educa a todo tipo de profesionales en las causas y tratamiento de los eventos traumáticos de la infancia (ACE en inglés).
Michael Gurian, filósofo social en el.ámbito de la neurobiología y especialista estadounidense en cuestiones de género. Autor de un sinfín de libros y top ventas de The New York Times, entre sus obras se incluyen Salvando a Nuestros Hijos y El Propósito de los Chicos. Cabe reseñar que una de sus ideas es la separación post-moderna de chicos y chicas en clase durante la pubertad, propuesta que es un tanto polémica. No me propongo a favor de la misma, pero entiendo que un debate abierto sobre las distintas opciones siempre incluirá nociones extrañas para unos y otros. Lo importante es escucharse y, sobre todo, prestar atención a todos los puntos de vista.
The Gurian Institute | professional development and consulting

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