Ser Hombre

(Y No Morir En El Intento)

Parece extraño hablar de la mitad de la Humanidad en el idioma de Garcilaso y evitar acusaciones de pertenencia a la extrema derecha, de misoginia o de machismo a la vieja escuela. El clima es, más allá de francamente hóstil, abiertamente agresivo.

Dicha agresividad no es pasiva, sino auténticamente real y simultánea a los innegables avances que las mujeres hemos ido chiselando en las sociedades occidentales en los últimos 200 años. Paralelamente, siguen en proceso de mejora paulatina, aunque desesperadamente lenta, asuntos como la educación de las niñas en Asia, las prácticas de mutilación genital en algunos subgrupos culturales y problemas en la calidad de la atención médica a las mujeres en el primer mundo. De muestra valgan un par de botones: la madre de 40 y pocos años que fallece de cáncer de colon después de haber pasado repetidas veces por el médico de cabecera sin que la refiriese al especialista o la niña que se queda sin vida a consecuencia de una peritonitis tratable porque en urgencias creen que puede ser un ovario pero se niegan a hacerle las pruebas.

Sin embargo, y paralelamente, existe una negación continua y continuadamente innegable de la realidad masculina como una experiencia vital, real y positiva tanto para el hombre como para la sociedad en la que convive.

Desde este punto de vista del nuevo sexismo anti masculino de los estamentos oficiales, es relativamente explicable la rápida ascensión de ideologías radicales. Desde el momento en el que nacemos, tanto hombres como mujeres y mucho más niños y niñas tenemos necesidades afectivo sociales. Si el entorno en el que crecen los niños de hoy en día está continuamente por un lado enfatizando las posibilidades de autorealización y autoafirmación femenina, pero de forma hipócrita esclaviza tanto a las adolescentes como a los adolescentes en espirales de cosificación del cuerpo y la sexualidad, con escasa discusión por el contrario sobre los vínculos emocionales y la realidad de la cercanía que supone una relación de pareja profunda para amplios sectores de la sociedad; resulta poco menos que inevitable que los niños y adolescentes crezcan con un cierto complejo de inferioridad que será difícil de salvar en la edad adulta, sobre todo cuando el discurso no cambia.

Ser niño no es una cuestión de género; sino de desarrollo.

A este contexto de ignorancia sobre la realidad de la percepción vital del niño sobre la ‘cuestión femenina’ que se le presenta a todas horas tanto en las escuelas como en los institutos y medios de comunicación, añadimos un nuevo medio de comunicación mucho más libre e incluso protegido por la anonimidad como son las redes sociales, en las que una identidad disminuida puede radicalizarse facilmente, sin necesidad de la ayuda que todos los equipos de artistas manipuladores como blogueros, jugadores profesionales y personalidades mediáticas en los bordes de lo políticamente correcto les prestan. Dentro del espectro de figuras radicales (al menos en apariencia), Andrew Tate y J.K. Rowling figuran en esferas espectralmente distintas; a pesar de que un cierto sector ultra-progresista -creo que no hemos diseñado un término semejante al ‘woke’ de la lengua de Dickens – nos intenta colocar a ambos como personajes discriminatorios, la realidad no puede ser más distinta. La defensa de la identidad del cuerpo femenino de J.K. Rowling le ha costado no sólo paz y dinero, sino que ha dado campo libre a que aumenten las cifras de seguidores de Tate. Si no permitimos que una persona del calibre de Rowling exprese una opinión sin trolificarla, estamos dando cancha a la autodefensa de opiniones realmente indefensibles, además de acosar la libertad de expresión.

El siguiente artículo de New York Times, una publicación de marcado carácter demócrata y orientado al pensamiento progresista, pone de relieve como, lejos de constituir un reducto para machistas empedernidos, la cuestión masculina, hoy y ahora, es relevante para todas las personas, independientemente de su género, raza, orientación sexual o religiosa y pensamiento político.

Men Need Purpose More Than ‘Respect’ https://www.nytimes.com/2023/02/12/opinion/men-purpose-respect.html?unlocked_article_code=QeFKU-SYGVjp9J5nHQOrS5ASskrjSaQb6iQwpbK2JerXZ896x_OEplGUe2fvjeGFxnyWv55YeFjFn7jZ8ZtGbhoziGsak-PfrFwnn2M4RjP-5fDJUFP1-Ze0-45rX45_6MyPiEKCyMX7UerTIRS7ptQGUaDwwEPbLXDHD4nAAmGIdyhfyV6mRdvCG1pLJ0oVzX81QgXYPQS_RWwgsOiI51Yn0DImQ1sToqJ0dhKsjai-rwUB9UC9_VMN-nt9ZlqAFCFb1JsUcWAK5Cq6X175HgQARwtyiOn_4l06rzEesPJPLaogFa8TWcbJGknYvtvuBtAp7rN-zajMjHeEoQ

El autor propone que más allá del respeto que clama la masculinidad del siglo pasado, lo que el hombre para realizarse en plenitud y disfrutar de su esencia por naturaleza benevolente y racional es un sentido vital. Va más allá: el sentido del hombre es el servicio que presta a la sociedad en la que vive, independientemente de su ocupación, estado civil o paternidad.

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