Todo esto es cierto y, por una vez, hasta está bien escrito.
Nos acerca a la pregunta más que da la respuesta.
¿Por qué ha calado la educación feminista y sin embargo ha perjudicado a los niños y jóvenes varones?
Los niños nacen iguales pero los tratamos, desde su nacimiento o al conocerse el sexo del bebé, de forma distinta.
Las niñas son más buenas, dóciles, cariñosas… Los niños son más traviesos.
A las niñas hay que animarlas a llegar a lo más alto y protegerlas de todo aquello que las pueda hacer daño.
A los niños hay que ‘adoctrinarles’ a rechazar el machismo desde pequeños y a respetar a las niñas.
Parece extraño. Los niños, siguen siendo niños y necesitan de nosotros como sociedad lo mismo que las niñas: aceptación, cariño, ánimo, aspiraciones y protección.
Si basamos la educación de género en la diferencia fundamental de que las niñas necesitan nuestro cariño, ánimo y protección y los niños vigilancia, supervisión y castigo el problema no son los niños. Ni las niñas.
Somos nosotros.

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