Piensa: luego habla

El artículo del enlace que aparece al terminar esta entrada explica en inglés, apoyándose en estudios académicos contrastados, lo que nuestros abuelos ya sabían antes de ir a la escuela: que no solo somos lo que comemos, sino lo que nos dicen que somos.

Hoy en día las palabras en voga para explicar por qué no se insulta a los niños en casa ni se rebaja o humilla a los alumnos en los centros escolares es la ‘auto-estima’; la auto-regulación y, vamos a ver por aquí la historia del lenguaje, el amor propio.

Nuestra intuición nos lo ha dicho siempre; por ello nuestras madres y abuelas se empeñaban en repeinarnos y enviarnos bien guapos y limpios a la escuela. Las primeras impresiones cuentan y el cariño de la maestra o maestro también.

Todavía recuerdo como una de mis compañeras de colegio tenía las pecas más adorables, los bucles más relucientes, los ojos más azules y la sonrisa más dulce. Por su apellido le tocaba sentarse cerca de la maestra y sus modales eran bastante exquisitos para una niña de 6 o 7 años. A medida que llegaban los exámenes sus nervios se convertían en grandes lágrimas a las cuales sucumbían maestra tras maestra con el conveniente resultado de que nunca hacía los exámenes. Sin embargo, su boletín siempre iba cubierto de sobresalientes.

Era algo así como el misterio de la Inmaculada Concepción. Inexplicable por la lógica de la física. A medida que crecimos, esta compañera comenzó a realizar exámenes, alrededor de los 10 años. Al principio sus notas bajaron pero en seguida logró recuperarse. ¿ Explicación?

Sus circuitos neuronales se adaptaron a los buenos resultados, su integración social, académica y su estatus más allá del centro eran buenos. Sin ningún otro factor en su contra, las expectativas de sobresaliente eran un hecho real tanto para ella, como para su familia, como para sus maestras. Al desarrollarse de forma sana en un clima favorable, su desarrollo cognitivo fue paralelo.

Este es un ejemplo en positivo. Las cárceles y centros de menores están llenos de historias paralelas en dirección contraria. Pero también mis recuerdos. Sigamos adelante: en los años 80 y 90 el entonces presidente de la Xunta de Galicia, D. Manuel Fraga Iribarne, impulsó la repatriación de los gallegos emigrados con sus familias. Desde Venezuela, México y otros lugares fueron llegando parejas trabajadoras que habían conseguido un cierto nivel de vida y educado a sus hijos de forma acorde a sus nueva situación económica.

Cuando regresaron a Galicia sus hijos adolescentes tenían dos lacras para integrarse a nuestro sistema educativo: los profesores de lenguas castellana y gallega y el sistema educativo en sí, claramente sesgado hacia la endogamia. Por un lado, las reales academias de las lenguas -siempre con minúscula si eres republicano- son bien conocidas por su pulcritud extrema. El estándar sudamericano no existía y se dedicaban a proveer a los recién inmigrados de abundantes notas demeritorias entre otros asuntos por su uso de seseo, por poner un ejemplo. Esto hoy en día se entiende – de forma incipiente – como racismo institucional, pero en aquellos años era la norma.

De la misma forma, el haber cursado estudios en países que todavía sentían los catedráticos como ‘colonias’ era otro demérito en sí. Se les decía, sin evidencia alguna por cierto, que su nivel era ‘muy bajo’ y a veces se les aprobaba ‘por ser bueno’. Los padres, la mayor parte de los cuales no estaba en posición académica de rebatir los hechos, se entristecían, callaban y lo asumían, muy al contrario de los padres de hoy que saben lo que vale un peine y en dónde solicitar las hojas de reclamación.

Sin embargo, lo triste es que todo ello rebotaba en los chicos y chicas, que se encontraban de repente en lo mejor de su vida sin amigos, en un país tristón, pobre y lluvioso, y con malas notas. A algunos la depresión les duró toda su vida e incluso el retorno conllevó grandes trastornos mentales en los progenitores. La vuelta a Galicia nunca fue un viaje de placer.

Lo interesante del artículo en cuestión, que mira al futuro, es el poder que tenemos para literalmente obrar milagros -en positivo, claro- y de construir arquitecturas personales basadas en el amor por uno mismo y por el prójimo; en lugar de basar la cohesión social en torno a zanahorias y latigazos.

La opción es nuestra.

https://ideas.ted.com/peoples-words-and-actions-can-actually-shape-your-brain-a-neuroscientist-explains-how/

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